Ya no atan los sueños
ni las angustias repentinas
El camino se hace pequeño
Y nada se ilumina...
En cada guarida, un trozo de tu leño
y en cada dolor,una imagen cristalina.
Cada sangre moja una herida
cada dolor es el viento que agita
y flotando la pluma de una vida
ya sin alas que dormita.
Se hace profunda la huella...
y la poca paz escasea
Las balas acaban con las estrellas
cada urna es la voz y la sed
¡Es mi corazón que caldea!
Cada día entra un nuevo sol
Y sin poder borrar la pena
¡Y sangra el poema!
Aún mojado el asfalto,
con tu sangre plena.
SOL.
Marisol Pérez.
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